Paciencia y largo plazo: los pilares de la inversión racional

En la última semana he recibido varios correos de inversores preguntándome acerca de los detalles detrás de una filosofía de inversión tan práctica y simple. Como la inversión no es la ciencia exacta que algunos libros intentan que sea, recapacité sobre cuáles podrían haber sido los factores determinantes para generar rendimientos superiores a los del mercado en estos últimos años. Sin lugar a dudas, tener un horizonte temporal a largo plazo y mantener una buena actitud mental respecto a las fluctuaciones del mercado han sido los pilares fundamentales. Aunque los más grandes nos han demostrado que la clave para acumular riqueza no proviene del estilo en sí, sino del comportamiento con el que uno afronta las inversiones, tendemos a olvidar que justamente lo esencial para conseguir resultados diferentes a la media es tener más paciencia y disciplina que el resto.

Tal y como decía en la anterior publicación, no es ningún secreto que, si inviertes a un precio razonable en empresas de calidad con altos retornos sobre el capital y sobre el capital reinvertido, a largo plazo la rentabilidad final de tu inversión se aproximará a los propios rendimientos internos de dichas empresas. Parece simple, que no fácil, ya que, como siempre, los resultados teóricos difieren bastante de lo que los inversores logran realmente en los mercados. En los últimos 20 años el inversor medio obtuvo una rentabilidad anualizada del 3,7 %, frente a la rentabilidad anualizada del 7 % del S&P 500 TR (en una inversión inicial de 100 mil euros, la diferencia entre los resultados sería de 180 mil euros). Los datos alarman, pues un 3,7 % es ligeramente superior a la tasa anualizada de la inflación durante el mismo período y significativamente inferior a la rentabilidad que el inversor medio obtendría si invirtiese su dinero en los bonos a 10 años de EE.UU (inversión libre de riesgo).

La filosofía de inversión funciona a largo plazo porque hay períodos en los que aparentemente no lo hace. La razón principal de este histórico rendimiento inferior es que el inversor tiende a cambiar de una estrategia que no está generando buenos resultados temporales a otra que sí lo hace justo antes de que ambas se intercambien los papeles. Tampoco ayuda a la rentabilidad final el que las mayores aportaciones se hagan cuando los precios de los activos son más exigentes, y las mayores retiradas se formalicen cuando los precios se encuentran deprimidos. En momentos de euforia o pánico, la gente suele extrapolar las recientes subidas o caídas al futuro inmediato y acaba tomando decisiones precipitadas y a destiempo cuando la volatilidad desempeña su papel. Si a este pobre “timing” le sumamos los costes de rotación tenemos todos los ingredientes para obtener rentabilidades mediocres.

En un mundo donde los medios financieros nos saturan con la información más reciente, ser capaz de filtrar lo que es ruido de lo que es valioso va a repercutir significativamente en la rentabilidad final de la inversión. Lo difícil no es seleccionar compañías que cotizan con mayores descuentos sobre su valor intrínseco, sino contemplar impasible cómo madura la inversión mientras el precio de la acción fluctúa libremente a corto plazo.

En mi caso, invierto exclusivamente en compañías cuyos flujos de caja futuros están bien protegidos por fuertes ventajas competitivas. No solo creo que es una manera excelente de hacer crecer el patrimonio invertido con el paso de los años; también considero que es una estrategia que ayuda bastante a interiorizar la volatilidad de mercado como una parte más del proceso. Es importante tener grabado que las correcciones son el precio que hay que pagar por estar invertido en el tipo de activo que más rentabilidad genera a largo plazo.

La mejor forma de endurecer el estómago es dedicar decenas de horas a estudiar una compañía antes de tomar ningún tipo de decisión de inversión. Informes anuales, informes sectoriales, presentaciones a inversores o conferencias, a lo que también habría que añadir el estudio individual de los demás competidores. En algunas ocasiones no necesitas de tanta información para saber si una inversión acabará saliendo bien o mal, pero es una tarea que me autoimpongo para que, en un futuro, el proceso sea más llevadero. En el caso de mi inversión en Verisign en 2017, no necesitaba mucha información para que saber que un monopolio respaldado por la ICANN y el Departamento de Comercio de Estados Unidos, a 89 $ por acción o a un FCF yield del 5,1 %, tenía muchas posibilidades de acabar saliendo bien. Le dedico muchas horas porque el proceso mientras madura la inversión puede ser incómodo si sientes que el mercado sabe más que tú de lo que tienes en cartera.

No menos importante es asimilar que el mejor momento para invertir es cuando hay miedo generalizado a hacerlo y el segundo mejor momento es ahora. Intentar predecir los movimientos del mercado para tomar decisiones de compra o venta es algo que, en contra de lo que se intenta, va a acabar costando dinero. Más del 80 % de los beneficios de las inversiones en renta variable se producen en menos del 10 % del tiempo que ese dinero está funcionando. Desde 1997 hasta 2016, el inversor indexado al S&P 500 TR habría obtenido una rentabilidad anualizada del 7,68 % (bruta) si hubiera mantenido toda su inversión sin realizar ningún tipo de salida. Sin embargo, si ese inversor se hubiera perdido los mejores 10 o 20 días del año, la rentabilidad anualizada habría caído hasta el 4 % o 1,57 %, respectivamente. La rentabilidad histórica sería superior al 7,68 % si el inversor aumentase su exposición a renta variable en momentos de pánico.

Con el paso de los años te das cuenta de que los mercados financieros no se parecen tanto al casino con el que la gente lo suele asociar, sino a un lugar donde los inversores menos racionales acaban transfiriendo su dinero a quienes contemplan las acciones como lo que verdaderamente son: pequeñas fracciones de negocios reales en las que el precio fluctúa más que el valor.

Gracias por leer,

Darío González.

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2 comentarios

  • Jose dice:

    Hola,yo el análisis os lo dejo a vosotros .
    Yo no sé y me gusta copiarlo y de momento no me va mal.
    Yo voy por dividendo y si baja y me agobio ,ni lo miro y mientras cobrar dividendos.
    Saludos

    • Hola, Jose. Gracias por tu comentario.
      De la filosofía del dividendo se pueden acabar obteniendo buenos resultados, sin duda. De todas formas, incluso en empresas maduras y con flujos de caja históricamente estables, seguiría poniendo atención al análisis de la empresa en sí, ya que los dividendos solo son una forma de retribuir al accionista. Las ventajas competitivas duran cada vez menos y si la capacidad de la empresa para generar flujos de caja se contrae, no solo acabará repercutiendo en los dividendos, sino en su valor económico. Es importante tener presente que el mercado tiende a ser eficiente, y en muchas ocasiones, el precio de las acciones continúa cayendo porque así lo merece.
      Un saludo.

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